La provincia geográfico-cultural que se conoce desde la Colonia como el Gran Nayar es una región que se ha constituido a través de procesos culturales conjuntos. Aún no es posible determinar con exactitud desde cuando existe El Nayar como tal; se puede remontar hasta finales del siglo XVI, época en la cual los territorios circunvecinos (la costa, el Altiplano de Jalisco y Nayarit y la meseta central) eran ya controlados por la Corona Española.
D e la historia prehispánica de los huicholes no existe gran conocimiento, pero a partir de fuentes del siglo XVI se puede hablar de un territorio huichol mayor en la época de la Conquista española, desde finales del siglo XVI hasta principios del XVIII, los huicholes ocuparon una posición limitante entre la Frontera de San Luís de Colotlán, territorio militarizado y administrado por el gobierno virreinal, y el Reino del Nayar, pequeño enclave indígena aún independiente, gobernado por un linaje cora de tonatis (“soles”) desde su capital en la Mesa del Nayar . Entre los huicholes occidentales existe importante influencia cora, y hasta la fecha se observa una proximidad cultural más acentuada con dicho grupo.
En una gran parte del territorio huichol, la labor de evangelización comenzó sólo después de la caída de la Mesa del Nayar, en 1722. Los franciscanos encargados de esta labor no tuvieron la capacidad de mantener una presencia constante en la sierra. A finales del siglo XVIII, los pueblos huicholes recibieron títulos, que hasta la fecha son el fundamento legal de la propiedad comunal de la tierra y definen los límites de cada comunidad.
Alrededor de 1850, los trabajos de evangelización culminaron con la construcción de templos católicos y la destrucción de los principales callihueyes o centros ceremoniales, con esto se dio el estallido de la gran rebelión liderada por el mestizo agrarista Manuel Lozada, denominada Guerra de Castas de Occidente, en la que los huicholes, al lado de coras, tepehuanes y mestizos, participaron activamente. Durante los 17 años de independencia bajo el gobierno del Tigre de Álica (1856-1873), se reconstruyeron los centros ceremoniales de tradición prehispánica y se consolidó un complejo ritual que incorpora ciertos elementos del catolicismo popular (como la celebración del Carnaval y de la Semana Santa).
El Porfiriato fue la época que más dificultades para los huicholes generó, porque las compañías deslindadoras acosaron los territorios indígenas de la sierra con el propósito de expropiar las supuestas tierras baldías y venderlas. Durante estos mismos años comenzó la exploración antropológica de la Sierra Huichol, los investigadores más famosos que visitaron y convivieron con los huicholes figuran el francés Léon Diguet, el noruego Carl Lumholtz, el checo Ales Hrdlicka y el alemán Konrad Theodor Preuss.
La Revolución Mexicana posibilitó la defensa de las tierras comunales; en cambio durante la Cristiada (1926-1929 y 1935-1940) las comunidades se aliaron con distintos bandos y pelearon entre ellos, por esto, muchas familias huicholes de Jalisco emigraron hacia tierras nayaritas y duranguenses (El Colorado de la Mora, Sitacua, el ejido Salvador Allende, Roseta y Zoquipan, en Nayarit y Bancos de Calítique y el Potrero en Durango).
En las últimas décadas del siglo pasado, los huicholes han experimentado un auge constante de modernización, con la construcción de pistas aéreas, y tiempo luego carreteras, escuelas con albergues, bodegas CONASUPO y algunos centros de salud, generando el crecimiento alrededor de estos “focos de desarrollo”, al mismo tiempo aumentó la migración a Estados Unidos y a diversas ciudades del país, donde se han ido estableciendo pequeñas comunidades permanentes.
Se fundó la Unión de las Comunidades Indígenas Huicholas de Jalisco (UCIH-Jal.) para enlazar las políticas comunitarias con las diferentes secciones del gobierno y con las organizaciones no gubernamentales, además de poder llevar a cabo proyectos productivos y culturales de toda clase, concretando avances importantes en la protección de lugares sagrados, como Wirikuta (el paisaje desértico cercano a Real de Catorce, San Luís Potosí), Hauxamanaka (el Cerro Gordo, Durango), Haramara (un santuario ubicado en la playa de San Blas, Nayarit) o Xapawiyeme (la Isla de los Alacranes en el Lago de Chapala, Jalisco), que se ubican lejos de los territorios comunales en la sierra y frecuentemente sufren actos de vandalismo o saqueo a manos de los no-indígenas .

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